Carlos, el hijo de Carmen, mis hijos y el Día de los Padres.

Ellos llegaron a hurtadillas, con el libro a las espaldas y un ánimo infinito en la felicidad de traerme un obsequio que -estaban seguros- iba a justipreciar con certeza, honda exactitud y valor agregado al gesto de haberlo obtenido con singularísimo sacrificio.  Todo, sin mencionar que habrían evitado así un crimen de lesa literaturidad. Mientras…